martes, 19 de julio de 2016

¿COMO DEJAR QUE EL ESPIRITU SANTO LLEVE LA INICIATIVA DE LA EVANGELIZACIÓN?


¿Cual es la diferencia entre una evangelización que nos tenga a nosotros como protagonistas y aquella a la que continuamente nos empuja la Iglesia -por medio del papa Francisco y tantos otros- en la que el protagonista sea el Espíritu Santo?

Creo que ésta es la pregunta clave.

Dice san Pablo en 2 Cor, 2 12 "Cuando llegué a Tróade para anunciar la Buena Noticia de Jesús (...) el Señor abrió una puerta para mi predicación..."

Pienso que uno de los mayores sufrimientos de nosotros, los evangelizadores, pastores, catequistas, y cualquier cristiano que quiere transmitir la Buena Noticia en su ambiente, es encontrar las puertas cerradas o mejor dicho no encontrar el "por donde", la oportunidad. 

Es cierto que en otro pasaje san Pablo habla de enseñar "con oportunidad o sin ella", pero lo hace en el ámbito de la labor de un pastor con su comunidad. 

En la evangelización parece que el mismo san Pablo esperaba la acción del Señor que iba siempre por delante a veces comunicándose por ciertas revelaciones como aquel sueño del macedonio que le decía "pasa donde nosotros" y otras permitiendo a Satanás cerrar puertas. Pero en cualquier caso san Pablo en primer lugar ora para poder reconocer dónde y cómo está ya actuando el Espíritu, es decir qué puerta está abriendo el Señor.

Qué gran clave que surge de este principio de fe: para cuando nosotros llegamos el Espíritu lleva mucho tiempo trabajando a esa persona o a ese pueblo. Y también éste otro: no somos nosotros los que abrimos puertas sino sólo El, lo que a nosotros nos toca es ir donde El nos envíe y decir lo que El nos mande y sobretodo saber reconocer lo que El ya está haciendo para secundar su obra. Habrá ocasiones en que aunque las puertas estén cerradas El nos mande predicar como al profeta Jeremías o Ezequiel "para que sepan que Dios les hablaba a pesar de su dureza", incluso para que caigan murallas como las de Jericó al sonar de las trompetas de la predicación.  Pero en cualquiera de estos casos la primera gran clave es DISCERNIR, escuchar al Señor, saber qué quiere que hagamos, que nos muestre lo que El ya está haciendo, la puerta que quizás El está abriendo aunque parezca pequeña...

Pero hay dos detalles más. 

El primero es que aunque El abra esa puerta puede ser que otras circunstancias nos muevan a darnos cuenta de que en realidad no quiere que entremos por ella como cuando san Pablo dice -en este pasaje- que no aprovechó esa oportunidad porque no estaba Tito. Es la evangelización en comunión. Dejando pasar oportunidades porque el Señor quiere más la evangelización en comunión que la individual. Saber esperar aunque uno vea la puerta abierta. Qué difícil. Sólo quién está acostumbrado a escuchar al Señor sabrá discernir.

El segundo es lo dificilísimo que nos resulta aceptar que cuando no hay puerta abierta debemos dedicarnos a otro pueblo, a otras personas -hasta que Dios abra una puerta para predicarles el Evangelio-y por tanto sacudamos el polvo de nuestras sandalias delante suyo y vayamos a otro sitio sin empecinarnos, con esa sensación de fracaso que sintieron todos los profetas y evangelizadores y que el Señor consolaba una y otra vez: "No es a ti a quien rechazan sino a Mi", pero también con esa esperanza de que el Señor no da por perdido a nadie hasta el último aliento de su vida.  

Ahora bien ¿tendrán que quedarse sin escuchar la Buena Noticia aquellos cuyo corazón está abierto, hambriento y sediento, porque nosotros seguimos llorando por los que lo tienen cerrado, saciados y sobrados? "¿Hasta cuándo vas a llorar por Saul?" -le dice Dios a Samuel- "¡Levántate y ve donde Jesé, entre sus hijos Yo me he elegido un rey!". El siempre va por delante. Dios nos conceda la familiaridad con Dios de Samuel, Jeremías, Ezequiel o Pablo y ¿por qué no? la de mismo Cristo pues a esto estamos llamados a tener todos "la mente de Cristo".



Hace 5 años comenzó el primer Encuentro de Nueva Evangelización  -www.encuentroene.com- y hubo una palabra de conocimiento durante una adoración llena del Espíritu Santo. Esta palabra decía: "Yo abro una puerta en España por la que entrará un nuevo ardor de evangelización por mi Espíritu Santo" y otra persona justo en ese momento vio cómo pequeños fuegos encendiéndose por toda España. Estos organizadores llevaban años con esta pasión ardiéndole en sus corazones -otros muchos también lo sentíamos y no nos conocíamos- pero una tras otra todas las iniciativas habían fracasado. Sólo cuando el Señor abrió la puerta ha empezado a suceder. 

Elías se retiraba durante semanas a una cueva hasta conocer la voluntad de Dios. Jesús también lo hizo más de un mes pero luego a lo largo de su vida evangelizadora de vez en cuando...en los momentos claves. ¿No será ésta la primera de las claves de la nueva evangelización: lo que le pide el joven Salomón al Señor: "un corazón que sepa escucharTe, que sepa discernir"?

Esta palabra recibo yo mismo al comienzo de este tiempo de descanso y qué alegría me da intuir que el Señor tiene muchas cosas que comunicarme durante estos días de retiro junto a su Palabra, sus amigos y su Presencia eucarística y en la creación.

Felices vacaciones amigos evangelizadores.


jueves, 10 de septiembre de 2015

¿Tienes problemas con tus grupos pequeños? Siete claves de crecimiento



Últimamente uno de los temas recurrentes entre los sacerdotes y líderes con los que estoy hablando es qué está sucediendo con los grupos pequeños.

Hemos comprendido que una clave importante para el cristianismo del siglo XXI son los grupos pequeños donde vivir una experiencia de comunidad y discipulado pero los últimos estudios indican que las iglesias están teniendo un momento difícil  a la hora involucrar a las personas más allá de las misas de fin de semana, también aquellos que están en estos grupos.

Es imprescindible encontrar buenos líderes laicos para estos grupos pequeños y esto es ya un reto; por otro lado a la gente le cuesta conectar entre sí y más allá del tiempo del grupo, esto parece ser un obstáculo aún mayor.


Chris Surratt,  nos indica algunos de los aspectos más destacados en este punto:

1.- Una de las razones por la que muchas iglesias luchan con sus grupos pequeños es a causa de que sus miembros –y muchas veces el párroco y los líderes del grupo- tienen una expectativa poco clara de lo que son y lo que pueden ser.

2.- Dejar que los grupos hagan lo que quieran sin barandillas conseguirá que la gente vaya justamente donde no queremos que vayan.

3.- Muchos párrocos promueven pequeños grupos,pero no están completamente dedicados a ellos. Si los párrocos no marcan el camino los grupos tienden a quedarse en ellos mismos.

4.- Otras parroquias cambian continuamente su estrategia de grupo pequeño. La consistencia es la clave para cualquier ministerio.

5.- El diseño de un ministerio de grupos pequeños requiere una persona de entre ellos que esté formado en ello.

6.- Muchas parroquias se atascan cuando llegan a un puento por no elevar el listón para el liderazgo de sus laicos.

7.- Como párroco es necesario no sólo formar sino también entrenar y apoyar a los líderes de grupos pequeños.

El papa Francisco celebró el aniversario de una forma muy eficaz y fecunda de vivir estas "pequeñas comunidades de la Palabra"que proponía Benedicto XVI en Verbum Domini. Son las Células parroquiales de Nueva Evangelización. 

Os dejo el enlace, está en italiano pero se entiende muy bien. Creo que puede ser una forma concreta para los Equipos Misioneros que se han propuesto por ejemplo en la diócesis de Getafe.

http://www.santeustorgio.it/la_cellula.html

Agradezco vuestros comentarios


viernes, 4 de septiembre de 2015

La regla del 20 %

Comienza el nuevo curso y con él los proyectos, las nuevas ideas, etc. Sin embargo tantas veces nos encontramos que "la mies es abundante pero los obreros son pocos".  Y sin embargo la sola idea de pensar y buscar más voluntarios para los diferentes servicios a veces puede resultar abrumadora para el pastor. Vemos que no llegamos a más pero buscar a otros que nos ayuden es un trabajo aún más agotador.  Sin embargo ves que ya estás llegando al límite. Estás haciendo todo lo posible para mantenerte al día con tus responsabilidades y con las personas que ya están en tu equipo y a veces, el tiempo para cuidar incluso de un solo voluntario más está sencillamente más allá de tu capacidad.

Puedes recordar una historia del Antiguo Testamento donde Moisés se encontró en una situación similar. Él estaba tratando de hacer todo por sí mismo. Él estaba guiando y tomando todas las decisiones. Como resultado, él se estaba a punto del colapso. Fue entonces cuando animado por su suegro Jetro, Moisés se animó a identificar y elegir a algunos hombres capaces ser líderes de otros hombres, incluso de otros líderes, y de este modo eligió líderes de decenas, de cincuenta, de ciento y de mil personas.

Cuando te encuentras abrumado por las responsabilidades y la cabeza te hace ya off, esto debe ser una señal de advertencia que te recuerda que: "Es hora de identificar y capacitar a otro líder".

Pero no pienses que los líderes producen mágicamente más líderes. Requiere gastar tiempo intencionadamente para identificar, desarrollar y discipular a líderes potenciales. No se puede derivar a otros esta misión. Hay que priorizar y luego elaborar nuevos sistemas pastorales para que esto ocurra.

He oído hablar de la regla del 20% para reclutar a más líderes de la iglesia. Del número de horas que trabajas pastoralmente debes tomar el 20 por ciento de esas horas para invertir en formar otros líderes. Dar prioridad a pasar tiempo quizás con un par de personas o pocas más. Discipularles. Estudiar libros de liderazgo juntos. Aprender juntos. Ilusionarse juntos por proyectos. Compartir la vida juntos.


Puede que no seas capaz de empezar por el 20 por ciento, pero puedes empezar por alguna parte. Al hacer esto, se te irá multiplicando su tiempo y tu influencia en el futuro será mucho más profunda al levantar a más líderes, quienes te ayudarán a llevar y cuidar a más voluntarios, responsables a su vez de sus áreas de evangelización. No está mal el consejo de Jetró. ¿Crees que podrías aplicarlo en tu realidad pastoral?